Esta semana he
podido conversar, por el chat, llamadas o mensajes con respecto a esta nueva
aventura bloguera con la que nos hemos identificado… a mí también me pasaba de
niño, mi hermano jugaba todo el día sin parar, mi hijo es incansable, mi padre
es así...
Ya en el año
1884, Heinrich Hoffmann, escribía el cuento Zappel Philipp traducido
al castellano como Felipe Revueltas,
que contaba la historia de un niño travieso e hiperactivo, de gran éxito de la
Alemania de esa época; otra novela, una de mis novelas favoritas de la niñez es
Las aventuras de Tom
Sawyer novela escrita por el el estadounidense Mark Twain en 1876 , clásico de la literatura
y éxito mundial contaba la historia de Tom y los padecimientos de la Tía Polly,
debido a sus travesuras y aventuras que incluso lo ponen más de una vez en
peligro. Viene también en esta línea el divertido Daniel El Travieso,
escrito por el norteamericano Hank Ketcham en 1951, cuyas historietas han
llegado con éxito a los tabloides, y que decir de la saga de Mi
Pobre Angelito, comedia taquillera en los 90 y que narra la historia de
Kevin (Macaulay
Culkin), un niño bastante inquieto que se queda solo en Navidad mientras su familia se va a Paris a celebrar
las Fiestas, mientras él recibe la visita de dos amigos de lo ajeno algo tontos
y despistados.
¿Pero que tienen
Felipe Revueltas, Tom Sawyer, Daniel el Travieso y Kevin McCallister en común?…
ellos son los prototipos de niños hiperactivos, un tanto distraídos e impulsivos
y que nos reviven historias que siempre han estado y que se viven en la
actualidad en hogares de todo el mundo. Y esto es porque del 5% al 10% de los
niños lo presenta y lo ha presentado. Aún más, cuando un
niño tiene TDAH, existe un 25% de probabilidades de que uno de sus padres
también tenga el trastorno aunque nunca ha sido diagnosticado, ya que su
estudio data de no más de 40 años atrás.
Felipe, Tom,
Daniel, Kevin, la lista es innumerable, como también la ternura, la bondad, el
amor que de ellos desprende y el que sentimos por ellos y que nos mueve a comprenderlos, amarlos y
valorarlos, y a esforzarnos por darles lo mejor y lograr que no solo ellos se
adapten al mundo, sino el mundo se adapte a ellos, y los veamos más allá de los
niños terribles que nunca pueden estar quietos, y que muchas veces llaman la atención
y roban las miradas…
A los papás, la
certeza que si se puede lograr el cambio, porque como las historias antes
mencionadas, todo tiene un final feliz, y juntos podemos lograrlo.